Levantar una Valla y Tirar un Muro

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Ahí nos plantamos, en nuestro trocito de Asturias, con la cara despejada, mirando las verdes montañas, respirando un futuro nuevo. ¿Qué hacemos primero? la naturaleza te habla y te guía ¿Cual era su plan?… ¡Joe que ASCO! 15 garrapatas minúsculas se movían piernas arriba, desesperadas por agarrase a algo, buscando al corzo que trajo a la madre que las parió a nuestra finca, esas 15 pecas móviles nos convencieron rápido, lo primero: la valla. Teníamos que ponerle puertas al campo.

Esto se lo curró el 99,9% Guillermo porque mi idea idílica de que yo y Liam pudiéramos ayudar con una tarea aparentemente inocente hubiera acabado con algún componente de la familia tuerto.

Llegados a este punto ya nos habían informado varios paisanos, que pasaban a “saludar”, de que el Ayuntamiento se toma su tiempo en contestar y que si queríamos montar algo ya estábamos tardando, también nos informaron de que “así no se clava” “así no se tensa” “así no se hacen las esquinas”. ¡Gracias Oh!

Por lo tanto ahora tocaba lidiar con el Ayuntamiento pertinente. Yo creo que hay una especie de dialecto imposible que sólo conoce la administración, suena a castellano, pero no lo es. Es una especie de barrera lingüística en el que ambos bandos entienden las palabras pero el mensaje es indescifrable por ambas partes. Yo hablo, parece que me entienden, pero no. Me hablan, parece que entiendo, pero no. Después de muchas visitas, meticulosamente cronometradas para no minar la paciencia de nadie, conseguimos aclarar la documentación que teníamos que entregar.

Entre tener los papeles entregados y conseguir el permiso pasaron varios meses de perseguir el expediente de departamento en departamento, de semana en semana, de firma en firma, desatascándolo a cada paso ¿Realmente tiene que ser tan complicado?.

Desde luego, aparte de un proceso bastante opaco, lo que no ayuda es encontrarte con legislación absurda. Normas que en ocasiones resultan absurdas hasta a quien te las exige, es entonces cuando te das cuenta de que ya no discutes con una persona, discutes con un papel, con un artículo y aquí nadie tiene culpa de nada (debe ser que ese artículo lo trajo Moises del monte Sinai y no hay nada que hacer)  los hombros se encogen y con ese gesto te quedas solo.

En ocasiones como esta, recuerdo una conversación en la que me vinieron a llamar antisistema por dejar mi trabajo ¡Que exageración!, pensé yo, si yo soy muy “normal”. Ahora me va quedando  claro que el “sistema” tiene un serio componente “antipersonas”, (por lo menos anti personas normales) y si yo quiero ser persona realmente mi único problema, hoy por hoy, con ser antisitema es que no me admitirían en el colectivo con mi abrigo de Zara.

Pero me niego a pensar que un modelo que no responde a necesidades básicas tenga ningún futuro. Yo no hablo de ideologías, hablo del derecho a ganarse la vida. No puede ser que uno tenga que luchar contra corriente, ver como cae en picado tu cuenta del banco porque solo piden piden y piden: tasas, autónomos, licencias… con el tremendo amargor de que,  lejos de mostrarse agradecidos por tu amable contrubución, te hacen sentir pesado, caradura y listillo. En ocasiones les falta coger el dinero y decir “ya te pillare ya”. Francamente esto tiene que cambiar, tenemos que dejarnos vivir.

Realmente no siento que el problema sean los grandes poderes que oprimen a familias como la mía… no digo que no ocurra, si no que no es el problema. Lo que sí veo en mi y en todos es que está en la naturaleza del ser humano buscarse distracciones, crearse un mundo pequeño, indignarse por cosas asumibles para no caer en pensamientos que no podemos manejar. Creo que nuestra propia naturaleza cobarde ha generado un sistema que nos ahoga…si en este invento hay estratos “aprovechados” es un problema “menor”, desde luego tenemos mucha más responsabilidad de lo que nos gustaría admitir.

Supongo que para poder pasar por encima de los obstáculos y distracciones que hemos creado colectivamente tenemos que salvar el primer muro que hemos construido en nuestras propias narices.

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