La erección

erección

Hay momentos en los que te vienes arriba. Yo creo que es esa sensación que tenías de niño, en la que sentías que estabas abocado a hacer algo grande. No se si uno nace con esa sensación simplemente por necesidad evolutiva o si los adultos se la inculcan a los niños al mismo tiempo que se la quitan, el clásico “puedes hacer lo que quieras en la vida, pero ponte el uniforme que llegas tarde a clase” .

Yo hacía tiempo que ya no la sentía (en parte me alegro porque cuando era niña aquella sensación la vivía como una imposición sin instrucciones). Pero de vez en cuando la sensación aflora y te domina, como cuando nos pusimos a elegir invernadero: no, ese no, más robusto…tampoco , más alto…¡Buha! ¡Este! ¡El que nos arruina de un plumazo!.

Por supuesto que somos ingenieros y lo podemos justificar todo: date cuenta que con lo que sopla el viento más te vale tener una estructura resistente o se te irá el presupuesto poniendo cortavientos y además sombrean; date cuenta que con la humedad que hay en Asturias hay que ventilar muy bien y para eso se necesita ventilación cenital; date cuenta que solo un multicapilla se puede automatizar, date cuenta que cuanto más alto mejor evacua el calor en verano y estamos en orientación sur, ¡date cuenta de como mola ese que con arco en punta!. No, para eso no hay realmente una justificación técnica: simplemente nos vinimos arriba.

En fin, tal portento de invernadero no lo puedes colocar como los túneles, en un fin de semana con los cuñados, nooooo; necesitas un equipo de hombres fornidos, curtidos bajo el sol capaces de hacer equilibrios a 6 metros de altura (es posible que fueran obreros barrigones con una radial pero esa semana estaba ovulando).

Ver aquello montarse era como un número del circo del sol pero sin ropa fosforita, no me apoyo yo en una barra de invernadero a esa altura ni harta de sidra. Todo mi respeto a esos montadores que cuando no encuentran maquinaria de alquiler se hacen los cimientos a mano con un palote; todos mis respetos a los que, cuando no tienen un palote, se lo fabrican con una radial a partir de una pala; todos mis respetos a aquellos que, cuando no tienen radial, se tallan un palote a bocados (no, eso no ocurrió, pero casi).

Se nos hizo eterno pero antes de que llegaran las lluvias teníamos un bonito monumento a la horticultura moderna y digo que era un monumento porque gracias a un proveedor ,que debía regirse por algún calendario distinto al gregoriano, terminamos con 800 metros cuadrados de arquitectura improductiva. Orquestar proveedores es lo que tiene: puedes terminar con una casa sin ventanas, un lavabo sin grifos o, como en nuestro caso, un invernadero sin riego. Un bonito paraguas gigante erigido en medio de la finca…no tendríamos cultivos pero podíamos invitar a toda Villaviciosa a pasar la estación de lluvias con vistas al monte asturiano.

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