Quien tiene un Minuto tiene un Tesoro

Ponte a casar cultivos: que si tiempo de siembra , tiempo de plantación, número de días hasta la maduración, cuando incorporo los restos, qué va detrás ¡Todo el santo día mirando el calendario! Resulta que a las plantas le pasa lo mismo que a las personas, el tiempo es lo mas difícil de organizar.

Llegados a este punto en el proyecto me doy cuenta de que no voy a vender frutas y verduras, voy a vender tiempo: el tiempo de las plantas, mi tiempo, el de toda mi familia, el de los proveedores y lo voy a vender a cambio de tiempo: el tiempo de los clientes, ese que dedicaron a conseguir dinero, ese tiempo “metálico” que necesito para seguir intercambiando las horas de unos y de otros.

Ya que transcurre independientemente de si lo empleas bien o no y es nuestra más preciada posesión, de repente, esto de comprar y vender tiempo me parece tremendamente serio. Obviamente no soy la única en el mercado, todos lo hacemos, en el fondo no tenemos otra cosa para intercambiar. Pero hay que tener cuidado, esto es como la bolsa: si malvendes, entonces otro está sacando más beneficio del que debiera y si por el contrario consigues chollos, muy posiblemente te estás aprovechando del tiempo de alguien.

No estoy intentando concienciar sobre un consumo responsable. Más bien me preocupa que detrás de un consumo irresponsable hay un total desconocimiento del valor del tiempo: el propio y el ajeno. De alguna manera vamos arrastrando las injusticias cometidas con nosotros mismos: como considero que me pagan mal, porque no se para qué sirve mi trabajo, porque no veo a mi familia,  porque estoy en mi burbuja, entonces cojo mi sueldo (la traducción de ese tiempo que no considero parte de mi vida) y le saco máximo provecho exigiendo gangas; ahí tienes la demanda, una demanda inocente, puesto que hoy en día nadie sabe lo que cuesta hacer nada (pero cuanto más barato mejor).

Como en todas las economías detrás de la demanda de gangas llega la oferta de las mismas que, en el mejor de los casos, es la oferta de las grandes empresas que pueden vender más y más barato. Ya sabemos como evoluciona esto: primero optimizan recursos porque son más grandes ¡todos ganamos! (el pequeño empresario llora), luego se dan cuenta de que como de verdad se optimiza es bajando sueldos (el empleado llora), luego deciden que ya no se puede competir sin irse a fabricar en países en vías de desarrollo, el empleado ya no es empleado y en su lugar hay un centenar de personas trabajando en condiciones precarias (y todos lloramos cuando se les cae el techo encima). En este punto ya no podemos distinguir la mejor opción para las gangas, la multinacional, de la peor, las mafias.

Todo por no haber conseguido un trato justo por nuestro propio tiempo, por no saber de dónde sale lo que consumimos y por no conocer el tiempo de los demás. A mi me choca cuando dicen que el oro que representa el dinero apenas existe y que ahora sólo es una cifra en el ordenador. Pero vamos a ver, igual me estoy volviendo loca, pero yo no veo que el dinero represente oro, representa un medio para “normalizar” el trueque: una transacción que se basaba en cambiar objetos o servicios del mismo valor y obviamente el valor de estos objetos o servicios tiene mucho que ver con el tiempo empleado en ellos y muy poco que ver con un metal encerrado en un banco. El dinero no se  ha convertido en una cifra porque las arcas estén vacías, de ha convertido en una cifra porque hemos ignorado el factor más importante y lo hemos dejado todo a la ley de la oferta y la demanda. Una ley que debería tener como consecuencia regular la producción para que se acople a lo que se necesita pero que, en lugar de eso, se ha convertido en una herramienta de especulación que medra en una sociedad que ignora el verdadero tesoro que posee, las horas…los minutos.

Así que hay que ser más conscientes del tiempo de todos, pero, ¿cómo empleamos mejor el nuestro? Ser consciente de que malvendes tus horas no te da necesariamente la clave para hacerlo mejor, pero a mi me da que las personas son como las plantas, hay que buscar las condiciones de cultivo para que den lo mejor de si mismas. Espero que tener esto presente me ayude a educar a mi hijo para que consiga alcanzar su potencial. Por mi parte, que he decidido re-germinar con 33 años, meteré los pies en cucho y me regaré frecuentemente, a ver que pasa.

regar

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